Las siete medidas

Aunque de forma independiente cada una de estas medidas podría mejorar nuestro mundo, la implementación de todas ellas al mismo tiempo nos permitirá sacar de cada una el mejor resultado. Debido a la interacción de unas medidas con otras, es interesante conocer un poco de cada una de ellas antes de empezar a profundizar.

  • Política sin partidos organizada en asambleas anidadas. La base de una verdadera democracia donde la mayoría mantenga el control de cada propuesta a implementar.
  • Democracia dentro de las empresas, que pasarán a ser cooperativas. Una verdadera democracia no puede excluir uno de los sitios donde más tiempo pasamos: el centro de trabajo. Acabemos con las dictaduras empresariales.
  • Inversión democrática. Una economía no es democrática si la inversión no lo es. Dispondremos de ferias, de comités de expertos y de la demanda demostrada de las cooperativas para decidir las inversiones entre todos.
  • Sueldo mínimo por cuestiones humanitarias y sueldo máximo principalmente por ecológicas. Los que alcancen el sueldo máximo, en lugar de consumir más, pedirán mejor horario, elegir sus propios proyectos, más vacaciones… Cosas más ecológicas.
  • Trabajo garantizado. Es lo que permitirá acabar con la pobreza: nadie que esté dispuesto a trabajar se quedará sin los medios para una vida digna.
  • Dinero que caduca para controlar y estabilizar la economía, evitando la acumulación y la inflación. El tempo, con su caducidad de un año, estabilizará los precios y permitirá una correlación clara con las horas de trabajo. El tempo además impedirá que se sucedan las crisis periódicas del capitalismo pese a mantener el mercado, pues los ciudadanos no pueden guardar el dinero haciendo que quiebren industrias, deben utilizarlo para algo y eso significa que si cae un sector será porque los tempos han ido a otro y no porque la gente los ha ahorrado debido a la desconfianza en el futuro.
  • Fin de la propiedad privada de las tierras y las infraestructuras para garantizar el derecho a la vivienda y la democracia dentro de las cooperativas. Las viviendas, las fábricas y las tierras serán alquiladas a los municipios por los ciudadanos y las cooperativas, financiando así la mayor parte de los servicios públicos.

La sostenibilidad

En la actualidad nos enfrentamos a problemas de sostenibilidad tanto en las fuentes de recursos como en los sumideros de nuestros desechos. Nuestro avance tecnológico ha permitido una transformación de nuestro ecosistema sin precedentes y el sistema capitalista ha impuesto una aceleración sin fin al uso de recursos y la creación de desechos. No hay forma de frenar el crecimiento económico en este sistema sin aumentar el paro, la pobreza y la exclusión social, entre otras cosas. No es una cuestión de que no haya suficiente para todos, la cantidad de recursos ha aumentado mucho más rápido que la población en el último siglo. Sin embargo, sin una forma de distribuir estos recursos entre los ciudadanos y las empresas de forma justa, la explotación de la Tierra nunca será suficiente.

Necesitamos librarnos de la deuda, del interés compuesto. Necesitamos una economía capaz de crecer, estar estacionaria o decrecer sin que eso suponga que una enorme cantidad de personas vivan por debajo de lo razonable. La actual gestión de la tierra, de las infraestructuras y los medios de producción, junto con el mercado libre, nos ha situado en una posición de enorme progreso material y tecnológico, pero no social. Podemos hacerlo mejor.

Por supuesto sin propiedad privada y con una democracia ideal también se puede caer en situaciones insostenibles. Aquí la cuestión no es tanto que no te pueda pasar como la facilidad para soportar una vuelta a la sostenibilidad. Siendo necesaria una fuerte disminución de los combustibles fósiles el reparto del trabajo y de sus frutos entre todos los ciudadanos hace que el miedo al paro o a la pobreza no impidan una acción decidida. Todos podrían tener un poco menos al final del día, pero nadie se enfrentaría a una situación imposible en la que decidir entre su presente y el futuro de sus hijos.

Características deseables

El futuro ya no es lo que era. Solía albergar nuestras esperanzas, pero ahora está lleno de nuestros temores. Sin embargo, todos intuimos que un mundo mejor es posible. Un mundo sin pobreza donde tengamos derecho a trabajar y obtener lo que necesitamos. Un mundo donde la sostenibilidad no tenga que competir con la economía. Un mundo democrático donde podamos participar de todas las decisiones que nos afectan.

A la hora de construir un mundo desde cero hay que tener claro que lo que se proponga no va a contentar a todos. Hay muchas personas que pensarán que se están cambiando cosas que no están mal. Si no hay quien piense eso claramente no se han propuesto cambios lo suficientemente profundos. Otros simplemente pensarán que exponer otro sistema con demasiado detalle no tiene sentido. Sin embargo, es muy difícil juntarse para cambiar las cosas sin una meta común. Ser capaz de visualizar un mundo mejor, aunque sea sólo su esqueleto, nos ayudará a dirigirnos al mismo. Aunque más tarde daremos detalles de la implementación (algunos de los cuales seguro son mejorables) ahora hay que discutir qué queremos que un mundo mejor incluya.

Empecemos por lo que ya tenemos. Hay cosas en nuestro sistema que son dignas de ser incluidas. Gran parte de nuestra economía está controlada por la oferta y la demanda. No hacen falta comisiones ni expertos planificadores para esto, es básicamente automático. Para gran parte de las cosas nos gustaría incluir mecanismos automáticos que dirijan la economía según la demanda de las personas. Estos mecanismos automáticos ejercen un poder blando e impersonal y tanto los productores como los consumidores cambian los equilibrios con sus acciones. En la medida de lo posible, tanto en la economía como en la política, hay que mantener ese control blando. Las personas deben tener fácil elegir hacer lo mejor para todos. En el mundo actual hay gran variedad de productos y servicios entre los que elegir y, aunque menos prioritario, es algo a mantener para que la demanda guíe a la economía. Si no hay donde elegir la demanda no puede cambiar. Además, todos queremos poder darnos ciertos lujos de vez en cuando. Esto es algo que merece la pena mantener.

Siguiendo con la economía, pero pasando al campo de la producción, también surgen cosas que hay que mantener. Poder elegir profesión, poder cambiar de trabajo si se ofrece uno que nos gusta más y poder estudiar lo que nos interese son características esenciales. Todas las cosas que he mencionado que debemos mantener en el sistema actual no están garantizadas, hay que asegurarse de que en un mundo mejor todos podamos disfrutar de ellas.

A nivel político lo más interesante a mantener es la libertad de expresión, que no se persiga a nadie por sus ideas (suponiendo que estas ideas respetan al resto de personas). La libertad de expresión actual es cuestionable, pero sin duda ha sido peor en el pasado y hay que avanzar en la dirección de la mayor libertad de expresión posible.

¿Qué hay que añadir o mejorar notablemente en el nuevo sistema? Lo primero sería acabar con la pobreza. Es absurdo que tengamos los recursos a nuestro alcance y por nuestra forma de distribuirlos haya tantas personas sufriendo y tanto potencial desaprovechado. Lo siguiente sería crear una economía compatible con la sostenibilidad. Nuestro actual sistema empuja hacia el crecimiento infinito y un sistema sostenible debería funcionar en estado estacionario o incluso decreciendo. Además, debemos crear una política más participativa y menos divisoria, una verdadera democracia.

Nos gustaría que la educación que puedes alcanzar dependa de lo que quieres, de tus capacidades y de tu esfuerzo; no de los recursos de tu familia. Queremos sanidad universal y una justicia orientada a la reforma y no al castigo.

El mundo que propongamos debe ser simple para que sea cómodo vivir en él, pero suficientemente complejo para permitir muchos estilos de vida. La diversidad no es negociable.

La gestión de tu vida personal, profesional y política debe ser lo más autónoma posible. En las tres facetas hay que hacer convivir tus necesidades y deseos con los de los demás, pero debemos tener la capacidad de influir en estas decisiones de forma justa. La autogestión nos debe guiar para crear estructuras participativas allá donde las personas tengan que colaborar. Todo el mundo debe poder participar de las decisiones en proporción a cuánto estas decisiones les afectan. Sin duda esto es difícil de cumplir a la perfección, pero es algo a lo que aspirar.