Los tempos y su relación con la cooperativa

Disponer de un dinero que caduca puede complicar ligeramente su gestión por parte de las cooperativas. Veamos cómo podría funcionar:

  • Al final de cada mes se transfiere de la cuenta de la cooperativa los tempos a los trabajadores. Al transferirse esos tempos vuelven a tener entre 14 y 12 meses de validez, pues cada trimestre cambia la fecha en la que caducan. Estas transferencias deben respetar el sueldo mínimo, el sueldo máximo y que la suma de todo ello sea la marcada por las normas. Además, aquí se descontará de forma automática el único impuesto que queda en la sociedad propuesta: el impuesto al trabajo. En este texto se propone que ese impuesto sea del 10%.
  • A lo largo del mes las ventas que vayan teniendo se acumularán en su cuenta con una fecha de caducidad de entre 12 y 14 meses. De esta forma las cooperativas también tienen aproximadamente un año para gastar sus tempos, igual que los ciudadanos. Si estas ventas se pagan con tarjeta todo sería automático. En el caso del efectivo, las cooperativas deberán entregar al banco los tempos y entonces en su cuenta aparecerán esos tempos con la nueva fecha de caducidad entre 12 y 14 meses.
  • A lo largo del mes las compras que hagan las cooperativas se pagarán automáticamente con los tempos que estén más cerca de caducar, igual que en el caso de los ciudadanos. Estos pagos se pueden hacer por tarjeta o en algo parecido al efectivo (como propondremos más tarde, cheques), pero hay que recordar que estos cheques caducarán al final del trimestre independientemente de la fecha de caducidad que tuvieran los tempos originalmente (esto se hace para evitar fraudes).

A cambio del sacrificio de tener que llevar al banco los tempos para poder gastarlos más allá del trimestre, las cooperativas en este sistema disponen de una ventaja: no hay cambio. Los ciudadanos deberán pagar con tarjeta, llevar el dinero justo o pagar de más.

Otra ventaja de tener una cooperativa es que el municipio cubre el sueldo hasta alcanzar el sueldo mínimo si la cooperativa no llega con los tempos obtenidos. En cualquier caso, si esto pasara a menudo, el municipio terminaría interviniendo e incluso cerrando la cooperativa.

La democracia dentro de la empresa según su tamaño

Debido a que hemos decidido que toda empresa sea democrática, a partir de ahora las llamaremos cooperativas. No merece la pena entrar en tanto detalle respecto al funcionamiento de las asambleas como hicimos en el caso de la política: métodos similares podrían aplicarse aquí. Lo que sí merece la pena discutir es cómo, dependiendo de su tamaño, la cooperativa puede optar por métodos muy distintos para mantener una democracia útil:

  • En el caso de los autónomos, que para nosotros simplemente serán cooperativas unipersonales, obviamente no necesitan estructura ninguna.
  • Para las cooperativas de dos personas la cosa se complica, igual que en las actuales empresas compartidas al 50%. Si la fundan juntas, estas personas deben encontrar una forma de tomar las decisiones cuando no estén de acuerdo: por turnos, lanzando una moneda, designando a una de las dos personas para desempatar cada trismestre… Si una cooperativa unipersonal se amplía a dos personas, la que lleva más tiempo en la cooperativa podría tener el voto del desempate, parece una norma razonable que podría evitar muchas discusiones.
  • A partir de tres personas las decisiones se toman en asamblea y será cada vez más improbable un empate total, especialmente si mantenemos la antigüedad como forma oficial de desempatar. En caso de empate simplemente sumaríamos la antigüedad de todos los que hayan votado a una cosa y todos lo que hayan votado a otra y el bando con más antigüedad gana.
  • A partir de un número grande de personas la cooperativa se puede estructurar en asambleas anidadas. Cabe imaginar grupos de trabajo eligiendo a su líder, que puede convertirse en delegado de la asamblea del departamento y elegir allí delegados para la dirección de la cooperativa, por ejemplo. La estructura concreta de la cooperativa la elegirían los propios trabajadores, pero el municipio debe estar informado de esa estructura. Los desempates por antigüedad se podrían mantener en cada una de estas asambleas.

En general en todos estos casos el municipio debe saber quiénes están tomando las decisiones para poder pedir responsabilidades a esas personas. Además, para que la democracia sea transparente, cada una de las personas de cada asamblea debería firmar la elección de delegados y los principales acuerdos para que el municipio pueda comprobar que la democracia se está llevando a cabo como es debido en caso de que se planteen quejas oficiales.

¿Por qué llevar toda empresa a una democracia?


La cuestión de la toma de decisiones suele ser divisoria, especialmente en el trabajo: estamos acostumbrados a no tener poder de decisión en esta parte tan importante de nuestras vidas. ¿Por qué no dar el poder de decidir de forma indefinida a quien mejor lo gestiona? Aquí surge la figura del jefe, o del dueño de la empresa. En política también surgirían así las figuras de los políticos con gran carisma. Y sin duda mientras tomen buenas decisiones y ganen debates en las asambleas serán elegidos como delegados. Pero no porque sean muy buenos les vamos a dar tanto poder como para no poder sustituirlos rápidamente si no nos gustan sus decisiones. Desde luego no les daremos poderes perpetuos como los que posee el dueño de una empresa o un dictador. Incluso entendiendo que la participación democrática que proponemos va a llevar más tiempo que mantener la jerarquía actual (al fin y al cabo, que uno tome las decisiones por todos puede ser muy rápido), la participación es preferible. Los que más conocimiento tienen del funcionamiento de la empresa son los propios trabajadores, y el uso de ese conocimiento nos debería llevar a una mejor gestión. Incluso en el caso de que el gestor, el jefe o el dueño de la empresa fuera muy buenos tomando decisiones y por tanto la democracia no pudiera mejorarlas, deberíamos defender el método participativo. Porque estamos intentando hacer de los ciudadanos los dueños de todo, porque queremos que entre todos decidamos qué hacer, e incluso si nos equivocamos, es mejor eso que obedecer. Sólo así crearemos una verdadera democracia.