Ya se ha mencionado a lo largo del escrito que el 50% de los tempos se gastarán para lo público y el otro 50% para lo individual (para lo colectivo del sueldo va el 20% en el alquiler de la vivienda, 20% en el alquiler de tierras y locales para la producción y 10% de impuesto directo al trabajo). Sin duda es algo que podrán cambiar de forma democrática los ciudadanos, pero, para aclarar por qué se han elegido esos números, podemos ver cómo podrían distribuirse las horas de trabajo, es decir, los tempos, en este sistema.
Dentro de lo público tenemos las cosas a las que todos contribuimos. En total el esfuerzo porcentual podría quedarse así: 12% pensiones, 8% educación y tempos para menores, 8% sanidad, 6% vivienda, 5% inversión aparte de infraestructuras, 3,5% infraestructuras, 3% paro y Trabajo Garantizado, 1,5% bajas, 1,25% defensa y emergencias y 1,75% justicia, política y administración (incluyendo el banco público). Aquí vemos que el 50% de todo el trabajo se queda en el colectivo para asegurar una buena vida a todos los ciudadanos.
La otra cara de la moneda es la individual (ya hemos contado en lo colectivo el alquiler de la vivienda, así que en este 50% no se incluye ni ese 20% ni el que se paga indirectamente al comprar a cooperativas que tienen que alquilar tierras y locales). Dentro de este 50% encontramos gastos como: 10% en comida y bebida, 10% en transporte, 5% en suministros como luz, agua, y productos de limpieza, 5% en ropa y otras necesidades, 10% en ocio y 10% en ahorro para grandes gastos como vacaciones, muebles o un vehículo.

Aquí además queda claro que dar el 60% de los tempos medios (menos el 10% que se paga de impuestos) mediante el Trabajo Garantizado a quien no se le encuentre trabajo es simplemente garantizar que puedan llevar una vida digna. Da para comida, bebida, suministros y ropa, pero queda muy poco para algo de transporte y ocio. Es decir, hay buenos incentivos para querer trabajar.
Las personas que trabajen y reciban el mínimo para un trabajador (el 75% del sueldo medio) ya se podrán dar más alegrías. Esto es lo que cobrarían las personas jubiladas en este sistema, así que tendrán incentivos para seguir trabajando si el cuerpo se lo permite. Además, esto nos permite asegurar algo importante: no habrá ningún trabajador en este sistema cobrando menos que una persona que no está trabajando, por lo que los jubilados también pagarán el 10% de impuestos.
Con el sueldo medio de un trabajador ya uno puede plantearse vivir holgadamente y ahorrar para ciertos lujos como unas buenas vacaciones y escapadas o alguna afición que exija más recursos.
Por último, los trabajadores más valorados podrán darse lujos por encima de los demás y disfrutar de un merecido premio por su esfuerzo.
Las cifras propuestas aquí, aunque meramente orientativas, han sido pensadas para distribuir los recursos disponibles de forma que todo el mundo pueda aspirar a una buena vida y aun así se premie el esfuerzo de los que más aportan. El porcentaje del total dedicado a pensiones, paro y bajas está basado en porcentajes actuales por lo que espero que en un mundo mejor haga falta dedicar menos esfuerzo a estas cosas. También las cifras dedicadas a la administración, la justicia y la defensa se obtienen de los gastos actuales en esas áreas. Debido a la eliminación de todos los impuestos menos el del trabajo la administración puede simplificarse y quizá se puedan utilizar menos horas de trabajo ahí también.
Los números ofrecidos son fáciles de comparar con la realidad y eso nos ayudará a tener discusiones más fecundas sobre qué se puede hacer y qué no en el mundo en el que vivimos. El sistema propuesto no puede acabar siendo un sistema rígido y difícil de alterar. Los ciudadanos a través de las asambleas anidadas podrán cambiar todo lo que quieran, pero es más útil partir de una propuesta concreta, de ahí la descripción detallada de los porcentajes en este ejemplo. En el sistema propuesto los intereses de todos los ciudadanos están alineados y eso es lo único que hace falta para que ellos mismos acuerden lo mejor para todos a través de una verdadera democracia.