La mayor parte de los españoles, si les preguntas por ello, te responderán que vivimos en una democracia. Podemos votar cada pocos años y confiamos en que los resultados de esas votaciones se respeten. Sin embargo, pocas de esas personas consideran que las decisiones y las leyes aprobadas durante estas legislaturas tengan siempre un apoyo mayoritario. Pero ¿no es ese el objetivo? ¿De qué nos sirve votar si las decisiones finales no tienen un apoyo mayoritario? En las siguientes páginas se describirá una forma de democracia sin partidos políticos, basada en las propuestas y el debate continuo. Aunque habrá periodos que llamaremos electorales, la democracia no será sólo eso. Vamos a ver cómo sería una democracia continua, donde la mayoría verdaderamente pueda dirigir una nación.
Una asamblea lo suficientemente pequeña (de siete personas aproximadamente) posee unas características perfectas para la toma de decisiones: es fácil de convocar para ajustarse al horario de todos, todos pueden dar su opinión y debatir sin que se alargue en exceso la asamblea y no hace falta ninguna localización especial para reunir a ese número de personas. Aunque podríamos hacer la política desde las asambleas anidadas de las cooperativas, pues también queremos democracia en ellas, a nosotros nos gustaría que pudiera participar de la misma también la población que no pueda trabajar. Por una baja temporal o permanente, o por estar jubilado, tu opinión no se hace menos importante. Por lo tanto, las asambleas se iniciarán no desde el centro de trabajo, sino desde la residencia. Además, de esta forma mantenemos las decisiones muy arraigadas en nuestra realidad, pues va a tener más capacidad de influencia esta asamblea sobre el distrito, que sobre el municipio. También más sobre el municipio que sobre la región y así hasta llegar al mundo entero.
Las primeras asambleas de vecinos, a las que llamaremos colectivos, se pueden formar de forma deliberada (7 vecinos que se conozcan deciden formar un colectivo) o al azar. Si en un Bloque tenemos personas que quieren participar de la política, pero no pertenecen a ningún colectivo, se puede formar uno juntándolos aleatoriamente o repartirlos entre los colectivos existentes. El Bloque gestiona los colectivos para que nunca sean menos de 5 personas ni más de 9. Para poder formar un colectivo, tiene que aprobarse su creación en el Bloque. Los cambios de colectivo, salvo mudanza, también deben aprobarse en el Bloque. Según tu residencia perteneces a un Bloque u a otro (esto se gestiona desde el Municipio). Por lo tanto, cada vez que te mudas es probable que cambies de Bloque.
Como detallaremos en el próximo apartado, para coordinar a muchas personas utilizaremos las asambleas anidadas. Cada uno de los colectivos envía un delegado a la asamblea del bloque (o simplemente Bloque) para representar la posición de las personas de su colectivo y luego Bloque enviará un delegado a Barrio. Este proceso puede seguirse hasta llegar a una asamblea donde se represente a todas las personas de un municipio, de una región o del mundo entero.
Una cuestión clave en el sistema de asambleas anidadas es la proporcionalidad. Como los colectivos pueden tener entre 5 y 9 personas, el delegado de cada colectivo debería poder votar de forma proporcional al número de personas que representa. Para que el conteo sea más fácil se podría dividir el número de votos de cada delegado entre el número de personas que representa el delegado con menos personas detrás. En el Bloque un delegado no tendría 5 votos y otro 9, sino que un delegado tendría 1 voto y el otro 1,8. Esto parece innecesario en el caso de los Bloques, pero en asambleas superiores, donde cada delegado representa a muchas más personas, facilitará mucho las votaciones.
Hay que tener en cuenta otras cuestiones importantes para que la representación descrita funcione: rendición de cuentas, libre cambio de delegados y límites para los poderes de cada asamblea. En cuanto a la rendición de cuentas lo suyo es que cada poco los delegados escriban a la asamblea que representan y vuelvan presencialmente (una vez cada 7 meses, por ejemplo) para justificar las decisiones tomadas, escuchar propuestas y conocer mejor la posición de las personas que representan. El libre cambio de delegados es simplemente la capacidad de cualquier asamblea de cambiar su delegado en una asamblea superior por no estar de acuerdo con cómo ese delegado está actuando. Este cambio podría efectuarse en el momento de la rendición de cuentas o en cualquiera de las reuniones si los integrantes así lo consideran pese a no estar presente el delegado. Por último, los límites de las asambleas son los que impone la Constitución. Por ejemplo, ninguna asamblea puede impedir el libre cambio de delegados sin cambiar la Constitución, lo que será un proceso largo que requerirá revisión por parte de la población.