Queremos evitar el dinero tal y como lo conocemos porque es capaz de llevarnos a crisis que destruyen nuestros medios de vida. El dinero actual es infinitamente acumulable y voluble, su valor puede cambiar mucho a lo largo del tiempo. Estas características del dinero lo hacen el germen del capitalismo. Genera desigualdad rápidamente, te permite especular, dejar de aportar a la sociedad y controlar a las personas que lo necesitan. Además, la competencia entre empresas, la acumulación infinita y el interés compuesto sobre la deuda nos llevan a un crecimiento sin fin que hace insostenible el sistema.
Lo peor de que sea infinitamente acumulable es que nos lleva a crisis en las que hay gente que necesita el dinero para vivir y gente que tiene el dinero, pero prefiere no gastarlo. Se destruyen trabajos, industrias e incluso sectores debido a la desconfianza en el porvenir: se deja de gastar en nada que no sea imprescindible y eso empeora la crisis, lo que da la razón a los ahorradores. Hay muchas razones para entrar en este círculo vicioso: la posibilidad de una guerra, una catástrofe natural o un problema grave en la cadena de suministros puede ocasionar que se disparen precios y haya despidos. Las personas entran en pánico viendo el panorama y dejan de gastar, lo que empeora la situación económica. Este pánico puede estar justificado igual que en los ejemplos anteriores, o no estarlo, que no haya pasado nada, y aun así sería igual de destructivo para nuestras cooperativas, nuestros medios de vida. Este círculo vicioso se puede frenar simplemente haciendo que el dinero caduque. Con esta medida evitaremos las crisis asociadas al mercado.
La volubilidad es otra característica molesta del dinero. Lo que puedes adquirir con el dinero cambia en el tiempo. El coste de los productos no es proporcional al coste de su fabricación. Esto no sólo impide una buena planificación, sino que invita a invertir el dinero para obtener más dinero, lo que aumenta la insostenibilidad del sistema y nos puede llevar a crisis de sobreproducción.
¿En qué podríamos basar nuestra nueva moneda para que fuera estable y reflejara el valor más objetivo posible de las cosas? La forma más sencilla de contabilidad empezaría por calcular las horas de trabajo agregadas que ha costado cada cosa.
Las horas de trabajo agregadas de cualquier producto o servicio se obtienen sumando las horas de trabajo que han costado obtener los recursos utilizados para su fabricación, más la amortización de la maquinaria utilizada, más las horas de trabajo directas de los trabajadores, más las horas de trabajo indirectas de los mismos para mantener la cooperativa. El tempo, nuestra nueva moneda, equivale a una de esas horas de trabajo agregadas. Así el sueldo medio por 120 horas trabajadas al mes será de 120 tempos menos impuestos. Esto no quiere decir que el precio de las cosas que vendan las cooperativas sea exactamente su valor en horas agregadas (las cooperativas ponen los precios que quieran) pues no podrían ahorrar para los malos momentos, invertir en mejorar o permitirse no vender el 100% de lo que produzcan. Pero los precios tenderán hacia el valor de las horas de trabajo agregadas porque el trabajo sí se está remunerando de forma proporcional a ellas.